
Estrategias para combatir el estrés estudiantil y fomentar un entorno saludable
Un ambiente educativo que prioriza el bienestar emocional permite a los estudiantes desarrollar de manera óptima sus habilidades cognitivas y socioemocionales
En la actualidad, se aborda con creciente frecuencia la salud mental de niños, niñas y jóvenes en los centros educativos. La visibilidad y relevancia que estos temas han adquirido han permitido la implementación de enfoques psicológicos orientados a la prevención y concientización sobre los diversos problemas que enfrenta la población infanto-juvenil.
Normalizar y reducir el estigma en torno a la ansiedad, la depresión, el estrés y otros trastornos psicológicos, facilita que tanto docentes como estudiantes, puedan desarrollarse en un entorno positivo y seguro. Esto, a su vez, contribuye a incrementar la motivación académica, mejora la capacidad de trabajo, favorece la memoria y fortalece las relaciones interpersonales.
“La corteza prefrontal, que se encarga del pensamiento lógico, la regulación emocional y la toma de decisiones, es fundamental en el desarrollo de estas funciones. Durante la infancia y la adolescencia, esta área es especialmente sensible al estrés, lo que puede afectar la concentración, la resolución de problemas y el control de impulsos. Un entorno educativo que prioriza el bienestar emocional permite que los estudiantes desarrollen de manera óptima tanto habilidades cognitivas como socioemocionales”, afirmó Helena Bolaños Roldán, psicóloga.
Según la especialista, se ha constatado que la exposición prolongada a pantallas genera altos niveles de estrés y una ventana de tolerancia en niños, niñas y adolescentes. Esto repercute en una inadecuada gestión emocional y, en muchos casos, en dificultades para establecer vínculos sanos con sus compañeros.
Estrategias para reducir el estrés
Las estrategias deben adaptarse según la edad de los estudiantes. Sin embargo, algunas pueden implementarse durante las clases de manera general:
- Claridad y previsibilidad: antes de comenzar una lección, es recomendable explicar a los estudiantes cómo se estructurará la clase. Tener una rutina clara y predecible ayuda a reducir la incertidumbre y genera sensación de seguridad.
- Transiciones conscientes: al cambiar de actividad o lección, utilizar el timbre o la campana como señal para el cambio puede ayudar a hacer la transición más fluida. Tomar unos minutos para realizar respiraciones profundas también facilita que el cerebro se prepare.
- Pausas activas: ser consciente de cuándo una actividad o un grupo eleva los niveles de estrés y hacer una pausa, ya sea saliendo un momento del aula, bebiendo agua fría o realizando respiraciones profundas, es esencial para mantener un ambiente saludable.
Fuente: Helena Bolaños Roldán, psicóloga.
“Los docentes deben crear un vínculo saludable con los alumnos, esta conexión emocional proporcionará que se desarrollen otras habilidades cómo el interés por la materia, el análisis de contenido, control de impulsos, entre otras. Un ambiente seguro dentro del aula genera que el sistema límbico y la corteza prefrontal logren asimilar información y regular emociones, creando así un espacio de respeto, cooperación y aprendizaje positivo”, finalizó la psicóloga.
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