Jehilin Ramírez, un ejemplo de persistencia y superación

A lo largo de la vida, muchos enfrentamos momentos de desafío, pero algunos logran superar las barreras que el destino les impone, demostrando una fuerza de voluntad indomable. Esta es la historia de Jehilin Ramírez, una mujer que, a pesar de los obstáculos y las dificultades, no solo logró retomar sus estudios, sino que también persiguió un sueño profesional que parecía lejano.

Desde su juventud en una zona rural hasta su ingreso al Ministerio de Educación Pública (MEP), su camino estuvo lleno de sacrificios, esfuerzo y dedicación. Hoy, a punto de obtener su licenciatura, nos cuenta cómo su persistencia y amor por la educación la han convertido en un ejemplo de superación.

Usted ha tenido un gran avance en su vida profesional, ¿podría hablarnos sobre ello?

Cuando uno es adolescente, comete errores, pero aprende de ellos. Nunca me arrepentiré de haber tenido a mis hijos, pero sí reconozco que fui madre muy joven. En ese momento, no aproveché la oportunidad de estudiar que mis padres me brindaron. Soy originaria de San Carlos, vengo de una zona rural, me tuve que venir a San José, quedé embarazada a los 18 años, lo que me hizo suspender mis estudios. Me dediqué por completo a ser mamá, y, cinco años después, volví a quedar embarazada.

Trabajé en diversos lugares, fue entonces cuando se me presentó la oportunidad de ingresar al MEP, aunque sin contar con estudios, ya que ni siquiera tenía el Bachillerato en Educación Media. Comencé trabajando como conserje, con el tiempo, me fui acostumbrando a mi rol; sin embargo, siempre sentí el deseo de retomar mis estudios. Comencé a buscar opciones, pero ninguna parecía adecuada en ese momento.

Mientras buscaba esas oportunidades, ¿cómo logró equilibrar su trabajo con su vida personal?

Fue un proceso complicado. Estudiar mientras uno tiene una familia es muy difícil. Me entregué completamente a ellos, pero también me comprometí con su educación. Mi hijo mayor, por ejemplo, tenía dificultades para aprender, lo que me obligaba a dedicarle tiempo extra. Lo llevaba al Infanto Juvenil en San José, ya que presentaba un retraso de tres años en comparación con su edad. Además, mi hija estaba en el kínder, lo que hacía que fuera aún más complicado para mí seguir estudiando. Sin embargo, cuando vi que mi hijo mayor estaba en noveno grado y mi hija en quinto de escuela, tomé la decisión.

¿Qué fue lo que le dio la fuerza de voluntad para hacerlo nuevamente?

Las ganas de terminar mis estudios nunca se fueron, siempre guardé ese deseo en mi corazón de superarme. Sabía que podía lograrlo.

Ingresé al colegio nocturno y, en ese proceso, hubo una experiencia que me marcó. Mi profesor de ética me preguntó: “¿A qué vienen aquí?” Yo respondí que, a sacar el bachillerato, y él, sorprendido, me dijo: “¿Solo a eso?”. Luego nos contó una historia: imaginen que alguien trabaja en una empresa durante diez años, empieza como conserje, pasa a bodeguero, luego jefe de departamento y finalmente a gerente, pero la empresa quiebra. Cuando esa persona busque otro empleo, ¿qué le respaldará haber sido gerente?

Luego, en otra charla, un orador nos dijo: “Chicos, no se bajen del bus. Quédense hasta la última parada”. Esta frase me dio el impulso necesario para seguir adelante. Saqué mi bachillerato durante la pandemia y, cuando lo logré, le dije a mi esposo: “¡Voy a la universidad! Quiero estudiar Artes Industriales”.

¿Cómo tomó la decisión de estudiar Artes Industriales?

Ya estaba trabajando en el MEP y tenía claro que quería seguir creciendo profesionalmente. Investigando, descubrí que había una gran demanda de docentes en Artes Industriales, por lo que decidí matricularme en la universidad.

Luego de enviar papeles y de unos cambios que había tenido por una condición de salud, me nombraron docente, de manera interina. Cuando llegué a la escuela Estados Unidos de América, estaba nerviosa, pero me encontré con un lugar maravilloso, una jefa excelente y compañeros de trabajo que me apoyaron.

¿Nunca perdió el impulso por aprender?

No, nunca. Trabajé como conserje durante 18 años, pero siempre quise tener una mejor calidad de vida. A veces, el trabajo te coloca en una posición en la que te sientes humillado, y es ahí cuando nace mi impulso. Quiero darle a mi mamá ese título que tanto luchó para que yo obtuviera, motivar a mis estudiantes, impulsar a las nuevas generaciones.

¿Se siente orgullosa de lo que ha logrado?

(Lágrimas) ¡Mucho! Dios me puso en el lugar adecuado y me ha visto con ojos de misericordia. ¡Estoy plena! No me falta nada, salvo mi licenciatura. Nunca me visualicé siendo licenciada, pero aquí estoy, a punto de conseguirlo.

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