LORENA BOZA: EDUCAR CON VOCACIÓN, FORMANDO DESDE EL CORAZÓN
Sus retos se han convertido en una pasión para trabajar diariamente con el mismo entusiasmo como el primer día
Maestra por vocación y herencia familiar, Lorena Boza ha dedicado gran parte de su vida a formar desde la empatía, la inclusión y la pasión por enseñar. En esta edición de Nuestra Gente, conversamos con ella para conocer más sobre su trayectoria y amor por su trabajo.
¿Hace cuánto inició en el mundo de la educación?
Inicié en el año 93 como aspirante. No tenía el título todavía; en aquel tiempo uno empezaba así. Ya con estudios me inicié como maestra de educación preescolar y saqué la licenciatura en la Universidad Estatal a Distancia. Sin embargo, a través del tiempo, muy lamentablemente no pude colocarme en preescolar. Me nombraron interina en primaria, ahí pude seguir estudiando la carrera de Educación en Primero y Segundo Ciclo.
¿Y cómo fue ese cambio? Porque usted tenía pensado preescolar y al final terminó en otra área de la educación.
Sí, es cierto, el énfasis era en preescolar. Ahora es en primero y segundo ciclo. Sin embargo, mis jefes siempre vieron que yo tenía tendencia a trabajar con los chicos más pequeños. Casi toda mi experiencia ha sido con estudiantes de primer ciclo. Les enseño el proceso de lectoescritura. Me gusta preescolar, pero igual me siento muy bien porque son chicos pequeños. Implementé todos mis conocimientos de preescolar y los apliqué en primaria, lo cual me ha beneficiado mucho.
Desde que usted empezó en los años noventa hasta hoy, ¿cómo ha visto la evolución, tanto de los estudiantes como de la educación en general?
Eran grupos de 35 niños. Hice una incapacidad de un mes y ahí tenía esa espinita de estudiar, entonces inicié el proceso. A través de los años ha sido bastante diferente, sobre todo con grupos tan grandes. Ahora, trabajar con prácticamente la mitad es muchísimo mejor, porque la individualidad y la calidad de lo que uno les enseña es mayor; es más personalizado.
En todos estos años, ¿cuál considera que ha sido el mayor reto que ha enfrentado?
Uno muy importante ha sido trabajar con estudiantes con diferentes condiciones especiales. Antes ellos estaban en aulas integradas o en escuelas especiales; ahora están incluidos en el aula regular. Nosotros, los educadores de primero y segundo ciclo, tenemos cierta preparación, pero no tanta como los de Educación Especial. Recuerdo un caso en preescolar, cuando estuve trabajando durante un mes —en los periodos de incapacidad que yo cubría— con un niño en silla de ruedas con espina bífida. Fue muy difícil, pero también muy bonito, porque aprendimos mutuamente. No solo yo le enseñaba a él, sino que él me enseñó a mí. En los últimos años también he trabajado con muchos niños con trastorno del espectro autista. Todos son diferentes. El año pasado tuve cuatro o cinco niños con esa condición y al inicio sentí temor, porque no me había enfrentado a eso, pero descubrí que no era tanto como pensaba. Cada uno tiene sus particularidades; se requiere mucha paciencia. Fue un reto muy bonito ver cómo aprendían a leer y escribir y cómo enfrentaban la interacción social. Otro reto fue una estudiante con una condición auditiva: era sordita, no tenía canal auditivo en las dos orejitas. Tuve que enseñarle a leer vocalizando mucho y hablando fuerte, aclarando al grupo que no estaba gritando. Tenía que vocalizar bien para que pudiera leer los labios. Otro gran reto fue la pandemia. De un momento a otro tuvimos que quedarnos en casa y dar clases virtuales. Nunca lo habíamos hecho. Yo estaba muy preocupada porque tenía primer grado y el proceso de lectoescritura requiere mucha presencialidad. Tuve que implementar diferentes estrategias, hacer presentaciones en PowerPoint y buscar nuevas formas de enseñar. En ese proceso se me ocurrió crear un canal de YouTube, porque muchos chicos no podían conectarse: sus papás trabajaban o no tenían conectividad. Yo quería llegar a todos mis estudiantes. Fueron muchas horas de trabajo; aunque tenía un horario, trabajaba prácticamente todo el día porque mi objetivo era que los chicos me vieran pronunciando, vocalizando.
Eso refleja mucha pasión por la enseñanza.
Para mí, enseñar es una gran pasión, y el proceso de lectoescritura es algo hermoso porque empieza desde cero. Ellos llegan con ilusión, sin saber leer ni escribir, y poco a poco, a través de juegos, dinámicas, canciones y mucho canto, van aprendiendo. Ahí el preescolar me ha ayudado muchísimo, porque todo ese enfoque artístico se aplica en primero y segundo grado. La vocación es amor por lo que uno hace y por querer que los chicos tengan un mejor porvenir, no solo en lo académico, sino también en valores.
¿Eso es lo que la motiva todos los días a ir a trabajar?
Me motiva saber que voy a hacer algo por mis niños y por esta sociedad, para que crezcan en un país mejor. No todo es fácil: hay dificultades académicas, conductuales y emocionales, y a veces uno también se ve afectado. Pero luego uno ve las caritas de los chicos y todo vale la pena. Yo los veo como angelitos. A pesar del cansancio, me encanta lo que hago.

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